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La piel no es la única parte del cuerpo que corre riesgo de dañarse por los rayos UV, sino también los ojos, por su vulnerabilidad a los efectos, sobre todo en lugares con mayor altitud y alto índice de contaminantes.

Es bien sabido que los efectos del Sol son necesarios para la existencia y preservación de la vida, sin embargo, la exposición prolongada puede causar graves daños en la salud de los seres humanos, tanto en la piel, el sistema inmune y en la salud oftálmica.

De acuerdo a datos de la guía del Índice UV Solar Mundial, misma publicada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), por cada mil metros de incremento de la altitud geográfica, la intensidad de la radiación UV aumenta en un 10 o 12 por ciento.

El doctor Félix Gil Carrasco, integrante de la Asociación para Evitar la Ceguera en México, I. A. P. (APEC), ha señalado que una de las principales afecciones que desencadena la exposición prolongada al Sol en los ojos es la inflamación en la conjuntiva, la membrana mucosa que cubre la cara posterior de los párpados y la parte blanca del globo ocular, la cual a su vez puede inducir a la conjuntivitis crónica en un futuro, una molesta afección que requiere tratamiento especial.

Asimismo, recientes investigaciones del NEI (National Eye Institute) en Estados Unidos han determinado que la relación entre cataratas y la exposición prolongada al Sol es verdadera, ya que los UVA penetran en el cuerpo con más profundidad y hay más posibilidad de que lleguen al cristalino del ojo.

Aunque este tipo de efectos está más ligado a lugares donde el reflejo solar es muy intenso, por ejemplo, en las zonas de nieve, también puede ser factible en zonas donde imperan los paisajes con arena blanca, puesto que el material refleja 20 por ciento la radiación, por lo que es recomendable que gorras, lentes oscuros y bloqueador solar sean utilizados con más frecuencia en nuestro país.

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