Hidalgo, Allende, Aldama, Guerrero, Morelos, son algunos de los personajes de inmediato vienen a la mente cuando se habla de la lucha de Independencia de México. Pero las mujeres también jugaron un importante papel en este movimiento, tales son los casos de Leona Vicario y de Doña Josefa Ortiz de Domínguez.

Doña Josefa Ortíz de Domínguez

A ella no le fue indiferente el grado de injusticia social que se vivía en la Nueva España, encabezada por los españoles peninsulares, lo que le llevó a interesarse en la lucha independentista.

Fue tal su interés en la causa liberal que contagió a su esposo, Don Miguel Domínguez, “El Corregidor de Querétaro”, quien participó en ella a pesar de tener buenas relaciones con el Virreynato.

El matrimonio Domínguez prestó su domicilio para ser la sede de la llamada “Conspiración de Querétaro”.

Fue “El Corregidor” quien se enteró que las autoridades virreinales habían descubierto la conspiración. Temiendo por su seguridad y la de su familia, Don Miguel Domínguez encierra a Doña Josefa para evitar que informara a los insurgentes.

Sin ella simplemente no se hubiera logrado el alzamiento insurgente de 1810, ya que logró escribir una carta en la que le informaba a Hidalgo y Allende que todo se había descubierto, alertándolos sobre la intención de las autoridades de detenerlos.

La carta llegó hasta el cura de Dolores, quien adelantó el alzamiento que se tenía previsto para octubre, dando paso a la Guerra de Independencia.

Leona Vicario

Nació en 1789,en la Ciudad de México, bajo el nombre de María de la Soledad Leona Camila Vicario Fernández de San Salvador.

Fue llamada por muchos como “La mujer fuerte de la Independencia”, gracias a su decidida participación en el movimiento independentista, primeramente a través de su papel como informadora de los insurgentes, para después apoyarlos con recursos económicos, medicamentos o dando refugio a conspiradores.

En determinado momento fue descubierta y apresada en el Convento de Belén, pero escapó apoyada por algunos militares, para lo cual se pintó la cara de negro, para aparentar ser una mulata y pasar desapercibida en los retenes realistas.

Después de la fuga se unió a las fuerzas del cura José María Morelos, en Oaxaca, para continuar apoyando logísticamente al bando insurgente y apoyando a su marido, Andrés Quintana Roo, en la publicación de los diarios pro-independentistas El Ilustrador Americano y Semanario Patriótico Americano.

En 1823, ya consumada la Independencia de México, el Congreso nacional la recompensó económicamente, ya que la mayoría de sus bienes los donó a la lucha insurgente.

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